11.06.2009 Conflicto en la Amazonia peruana
24 + 9 = 33. Y 33 A CAMBIO DE 1090: A PRECIO DE SANGRE
Fernando Carbone, responsable de Medicus Mundi Perú, analiza la consecuencias de los enfrentamientos y hace una apuesta por la vía de la reconciliación
Todos somos iguales. La reconciliación es el único camino.
Las cifras mencionadas sin mayor explicación parecen una buena operación financiera. Pero no lo es:
· Los partidos políticos y el gobierno del Perú se pusieron de acuerdo. El Congreso de la republica pondrá en marcha el mismo: suspender la ley 1090 para examinar los aspectos de inconstitucionalidad, vulneración de las leyes internacionales y la afectación de las tierras ancestrales de las comunidades indígenas andinas y amazónicas.
· El pueblo puso la sangre: 24 policías y 9 civiles fallecidos y más de un centenar y medio de heridos, algunos con secuelas graves.
Todos parecen rehuir la responsabilidad, incluyendo a los medios de comunicación; a menos de 5 días de los hechos otros titulares y preocupaciones parecen ser a lo que ahora debemos dedicarnos o la preocupación deriva a situaciones políticas colaterales.
¿Y las secuelas?
· 33 familias destrozadas por el dolor de haber perdido a un ser querido y que se preguntan al igual que amigos y otras personas: “ 12 meses de estéril dialogo, 58 días de protestas para este final?” Los discursos “heroicos” de uno y otro lado se desvanecerán en el tiempo como en casos anteriores y solo quedará la amargura y la desolación por la ausencia del padre, del hijo, del hermano, del amigo o el triste abandono de quienes quedaron con secuelas graves de las heridas recibidas…
· Huellas de suspicacia, temor, resquemor, deseos de venganza entre algunos miembros de la policía y/o poblaciones que se vieron afectadas y que algún día podrán explotar ante otro tipo de incidentes.
· Deslegitimación de los mecanismos de la democracia para resolver las diferencias entre gobernados y gobierno.
Podríamos referirnos a hechos similares relativamente cercanos ocurridos en los últimos 20 años, pero preferimos hacer memoria en torno de 1879. En aquellos años, políticos, congresistas, medios y “otros relacionados” discutían, conspiraban, se acusaban mutuamente y el tiempo pasaba inexorable. En el sur soldados, marinos, civiles y policías mal armados, desabastecidos, en inferioridad de condiciones, dejaban su sangre en Angamos, Pisagua, Arica, Tarapacá, el Alto de la Alianza y otros lugares más. Las secuelas también la pagaron sus familias.
El tiempo no borra por si solo los hechos que han causado muerte y dolor a los pueblos. Hoy en España se reabren fosas donde yacen personas muertas por uno u otro bando durante la guerra civil de 1936, y las controversias parecen revivir en torno a las mismas, en generaciones cuyos miembros no estuvieron presentes ni de forma cercana a los hechos. Vietnam, Ruanda, medio oriente y otros más ostentan heridas sin una verdadera curación: las cicatrices se abren cada cierto tiempo.
La reconciliación empieza por reconocer aunque duela, que TODOS SOMOS RESPONSABLES Y POR TANTO TODOS DEBEMOS INVOLUCRARNOS EN LAS SOLUCIONES.
Insistimos: si la sangre fraterna dolorosamente derramada tiene algún sentido, que sea encontrar en el dialogo y el consenso la reconciliación, la justicia y la paz.
Fernando Carbone Campoverde
MMNDP.
Fernando Carbone (MMN en Perú)






