06.04.2011 OPINIÓN_Día Internacional de la Salud
Resistencia a los antimicrobianos. Si no actuamos hoy, no habrá cura mañana
Con ocasión del aniversario de la fundación de la OMS, Organización Mundial de la Salud, el día 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud. Como organización sanitaria, medicusmundi considera que tanto su participación en esta conmemoración como la difusión de la misma es una parte fundamental de sus actividades.
En esta ocasión, el tema elegido para conmemorar el Día Mundial de la Salud por parte de la OMS ha sido “La resistencia a los antimicrobianos y su propagación mundial”, con el fin de pedir a los gobiernos y a otras partes interesadas que apliquen las políticas y prácticas necesarias para prevenir y contrarrestar la aparición de microorganismos muy resistentes.
Esta resistencia a los antimicrobianos o RAM es un fenómeno por el cual un microorganismo deja de verse afectado por un antimicrobiano al que anteriormente era sensible. Los microorganismos resistentes; entre ellos las bacterias, los virus, hongos y algunos parásitos, son inmunes a los efectos de los antimicrobianos, como los antibióticos, los antivíricos o los antipalúdicos, de modo que los tratamientos habituales se vuelven ineficaces y las infecciones persisten y pueden transmitirse a otras personas.
La resistencia es una consecuencia del uso de los antimicrobianos, en particular de su abuso, y surge por mutación del microorganismo o adquisición de genes de resistencia. Esto trae consigo una serie de consecuencias negativas, no sólo desde el punto de vista de la salud de la población tanto presente como futura -ya que muchas enfermedades infecciosas se vuelven intratables-, sino también del que afecta a la sociedad en materia de asistencia, pues se pondría en peligro el éxito de tratamientos como el trasplante de órganos, la quimioterapia antineoplásica o las grandes intervenciones quirúrgicas. Encarece enormemente los costes asistenciales, así como la carga económica sobre las familias y la sociedad al tratarse de enfermedades de muy larga duración. Asimismo, y dado el carácter globalizado del mundo en que vivimos, la propagación rápida a otros países y continentes de estos microorganismos resistentes genera un grave problema de seguridad sanitaria internacional.
Todo ello podría echar por tierra lo que se ha conseguido para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud para el año 2015.
Desde medicusmundi queremos hacer hincapié en el hecho de que, en los inicios del siglo XXI, cerca de la mitad de la población mundial vive en áreas en las que el paludismo o malaria es endémica. Y la enfermedad ha generado resistencia a los antipalúdicos de la generación anterior, como la cloroquina o la sulfadoxina-pirimetamina; un medicamento muy eficaz y de muy bajo precio que las personas tomaban de forma habitual cuando presentaban síntomas sospechosos de paludismo. El hecho de su consumo habitual y su posterior resistencia ha hecho que la malaria, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud, acabase en 2009 con la vida de cerca de 800.000 personas, la mayor parte de ellas niños y niñas menores de cinco años en África subsahariana.
Está claro que el uso inadecuado e irracional de los antimicrobianos crea condiciones favorables a la aparición, propagación y persistencia de microorganismos resistentes. Según datos de la OMS, las infecciones causadas por microorganismos resistentes no responden a los tratamientos ordinarios, lo que trae como consecuencia enfermedades prolongadas y el riesgo de morir.





