Desde Mali
Manuel Gallego, misionero de los Padres Blancos en Bamako desde 1977 y coordinador de un proyecto de medicusmundi dirigido a mejorar la atención sanitaria, ofrece su punto de vista sobre los recientes acontecimientos en este país africano.
Manuel Gallego en la colocación de la primera piedra de un dispensario.
El pasado 22 de marzo soldados amotinados dirigidos por el capitán Amadu Sanogo tomaron el poder en la capital de Mali, Bamako, y decidieron disolver las instituciones, suspender la Constitución, instaurar un toque de queda y cerrar las fronteras por una duración indeterminada. Se calcula que el golpe de Estado ha causado cuarenta muertos, varios de los cuales son civiles.
La Unión Europea, Estados Unidos, y el Gobierno español, como respuesta a la ruptura del orden constitucional, han decidido suspender toda la cooperación, excepto la ayuda humanitaria, hasta que se restablezca la legalidad en el país. Por su parte, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) acordó imponer un "embargo total" contra la Junta Militar que gobierna en Malí tras el golpe. Además, los líderes del organismo regional anunciaron el "inmediato" envío de tropas al país africano, donde las milicias de los separatistas tuaregs están ganando cada día más terreno.
Manuel Gallego es misionero de los Padres Blancos en Bamako desde 1977, y coordina un proyecto de
medicusmundi
dirigido a mejorar la atención primaria de salud, formación del personal local, y rehabilitación de estructuras sanitarias. Ante los recientes acontecimientos, Manuel Gallego envía un mensaje a sus colaboradores: “Todos las instituciones del Norte parecen estar de acuerdo en apoyar un embargo económico y político que no hace si no asfixiar al pueblo maliense, a civiles inocentes que luchan cada día para sobrevivir y que actualmente se enfrenta a tres grandes desafíos: la guerra en el Norte del país contra los rebeldes Tuaregs y los grupos islamistas que quieren imponer la "Charia" a la población; la seguridad alimentaria (no olvidemos que en muchas zonas del país las cosechas el año pasado fuero malas por la escasez de lluvia) y la situación de más de 200.000 personas desplazadas tras los combates del Norte ya desde mediados de enero, que han huido hacia Mauritania, Níger, Burkina Faso y Argelia”.
Gallego se pregunta por qué las fuerzas que actualmente apoyan este embargo no reaccionaron cuando más de un centenar de camiones con toda clase de armas salían de Libia y se dirigían hacia los países del Sahel. ¿Dónde estaba la OTAN entonces?. Afirma que no reaccionaron tampoco cuando los soldados malienses eran degollados en el Norte a manos de los rebeldes Tuaregs y de AQMI, sobre todo en Agelhoc.
El pasado 1 de febrero hubo una importante manifestación de mujeres, esposas y madres de militares muertos durante los combates entre el ejército de Mali y los rebeldes del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) fuertemente armados por Muammar Gadafi. Las mujeres acusaban al gobierno de haber “enviado a sus hombres al matadero sin preparación y sin el material adecuado”. El motivo principal de la manifestación fue el anuncio del descubrimiento de una fosa común que contenía los cadáveres de 40 militares, aunque el gobierno solo había anunciado dos muertos en los enfrentamientos. Tampoco hubo una reacción entonces, tal como denuncia Gallego. “Ni tampoco cuando ven que desde hace años el Sahel se convierte en una plataforma para los movimientos islámicos radicales, la droga y el comercio de armas”.
En estos momentos, por motivos de seguridad la electricidad permanece cortada durante el día en Bamako. Además, a causa del embargo, es necesario ahorrar combustible. Manuel Gallego se muestra preocupado pero sereno, pese a las malas noticias que le llegan del norte del país: “Los rebeldes Tuaregs y los grupos islamistas se han hecho con un territorio de 830.000 km² y en Gao, Kidal y Tombuctú se están cometiendo verdaderas atrocidades. El colectivo maliense "Grito de corazón por el Norte" denuncia un drama humanitario sin precedente en esas zonas: viviendas, edificios públicos, escuelas, y establecimientos comerciales han sido saqueados y destruidos”.
Según el diario maliense L’Essor, miles de personas se han echado a las calles de Bamako para protestar por la situación dramática que viven sus conciudadanos en estas áreas desde que han caído en manos de los rebeldes. Los manifestantes han denunciado que “a la situación inicial de crisis alimentaria, se ha sumado la crisis de seguridad, que prolonga y aumenta el drama de las poblaciones que han sido tomadas como ‘rehenes’ de los asaltantes, que no respetan la vida humana, y mucho menos los bienes públicos ni privados” y añaden que se trata de una situación “de terror generalizado, de violación sistemática de los derechos humanos”. Según Gallego, “El colectivo
"Grito de corazón por el Norte"
ha documentado 48 casos de violaciones colectivas en lugares públicos en Gao. El pasado jueves (por el Jueves Santo), me di cuenta de que nuestros calendarios seguían en el mes de marzo. Me pregunté como es posible que, de los seis sacerdotes que vivimos aquí, a ninguno se le ha ocurrido pasar la página. Es como si, tras el golpe de Estado, el tiempo se hubiera detenido”.





