Conclusiones del Congreso sobre Cooperación Internacional en Salud Sexual y Reproductiva
“Un derecho humano no es algo que alguien te da, es algo que nadie te puede quitar”. Esto lo dijo en 1948 Eleanor Roosevelt, a quien debemos agradecer la aprobación de la declaración Universal de los Derechos Humanos. Con esta frase se puso inicio y final al Congreso que examinó los derechos sexuales y reproductivos en el planeta.
En la imagen, Ricardo F. Quintana (MM Bizkaia), Lilian Wug (Guatemala), Tita Durán (Honduras), Elena Bonilla (Nicaragua) e Isatou Touray (Gambia)
Los pasados 27 y 28 de mayo el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo fue el espacio de excepción que sirvió de escenario al congreso, reuniendo a diversos agentes de cooperación que trabajan en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. Sin inversión en unos servicios de salud sexual y reproductiva apropiados, no se alcanzarán los compromisos adquiridos en la Declaración del Milenio que tiene, entre otras aspiraciones, las de reducir la mortalidad materno-infantil y combatir el VIH/Sida.
Voces del Sur
Las asociaciones procedentes del Sur tienen mucho que decir al respecto. La discriminación que sufren las mujeres en Centroamérica las aleja de los servicios sanitarios. Este rechazo está provocado por el mal trato que reciben de los mismos, que las conduce a parir solas en casa multiplicando el riesgo de que aparezcan complicaciones. “Cuando van a un centro son maltratadas”, denunció María Inés Alvarado, presidenta de la Asociación de Comadronas Vida, en Guatemala. “Se les prohíbe gritar mientras están pariendo. Les dicen ‘cállate, si fuiste buena para acostarte con tu marido ahora tienes que serlo para parir’. Carecen de acceso a la educación, se casan y se quedan embarazadas muy jóvenes…nacen para parir”.
Con el objetivo de promover el ejercicio de los derechos humanos sexuales y reproductivos en grupos de riesgo, la violencia de género en sus distintas formas fue otra de las cuestiones en torno a las que giró el congreso. Mª Elena Bonilla, del Centro Acahualt, en Nicaragua, destacó la importancia de proteger a las poblaciones especialmente vulnerables, como gays, lesbianas, y transexuales. María Durán, de la Casa-Refugio de la mujer de Ixchel, en Honduras, y Lilian Wug, de la Asociación Nuevos Horizontes de Guatemala, presentaron así mismo la situación de las mujeres en sus respectivos países, así como el trabajo de sus organizaciones a la reivindicación de los Derechos Humanos de las Mujeres y la atención a supervivientes de la violencia, así como a la divulgación-sensibilización, capacitación, y seguimiento de casos.
África también tuvo su espacio gracias a la presencia de Isatoy Touray, activista gambiana del Comité contra las Prácticas Tradicionales que afectan a la salud de Mujeres y Niñas, quién abordó la cuestión de la mutilación genital femenina (MGF) y las nefastas consecuencias sociales, físicas y psicológicas que tiene para las mujeres que son sometidas a esta brutal intervención.
Conclusiones
El reconocimiento de los derechos de las mujeres y el acceso universal a informaciones y servicios relativos a la salud sexual y reproductiva son sin duda factores clave para un progreso sostenible en el desarrollo económico de los países del Sur. Además, la problemática en materia de salud sexual y reproductiva tiene que ver fundamentalmente con la construcción cultural de roles sexuales femenino y masculino que derivan en un desigual poder entre mujeres y hombres a la hora de tomar decisiones sobre su sexualidad, su vida reproductiva y su cuerpo, que es el lugar en que ambas se realizan. Las relaciones de poder asimétricas entre mujeres y hombres; el desconocimiento de la población respecto de sus derechos humanos y, en particular, de sus derechos sexuales y reproductivos; la insuficiente voluntad política para modificar este injusto contexto cultural a través de políticas públicas planificadas con enfoque de género; la insuficiente asignación presupuestaria a las políticas públicas referidas a sexualidad y reproducción; la medicalización de los cuerpos y las vidas de las personas como resultado del modelo médico vigente y de las presiones de la industria farmacéutica; la mercantilización y deshumanización de la atención de salud; la soledad creciente en que se desenvuelven las personas, en especial aquellas de edades avanzadas; todo ello genera y mantiene problemas sexuales y reproductivos que en la actualidad se pueden prevenir.





