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50 Aniversario
50 AÑOS DE HISTORIA
50 AÑOS DE HISTORIA
“Yo tengo un sueño (I Have a dream…), deseo un futuro en el cual la gente de tez negra y blanca pueda coexistir armoniosamente y como iguales”. Estas palabras fueron pronunciadas por Martin Luther King en 1963 y supusieron un empujón definitivo al movimiento por los Derechos Civiles. Coincidiendo en el tiempo, los doctores Francisco Abel Febré y Salvador Cortadellas Baltasar también tuvieron su sueño, no por modesto menos importante; desearon poder sensibilizar a la clase médica de Barcelona para que se sumara a un proyecto ilusionante: ayudar a los pueblos empobrecidos en sus necesidades médicas. Y ese mismo año, 1963, fundaron Medicus Mundi España.
Eran años en los que España estaba sumida en una importante conflictividad social y política, y apenas se hablaba de países empobrecidos (subdesarrollados); menos aún de la dificultad de su población de acceder a los recursos necesarios para satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas humanas, tales como la asistencia sanitaria, la educación, la alimentación o el acceso al agua potable. Acceder a esta información se convirtió en todo un reto, resuelto con la inestimable complicidad de amigos médicos y/o misioneros que estaban viviendo en África y consintieron en relatar su visión del mundo a través de correspondencia personal.
Solucionado el problema de la información, tocaba resolver la cuestión de cómo canalizar la ayuda que pudieran conseguir. Concluyeron que era preciso fundar una organización que agrupara a todos los médicos y demás personal sanitario de España. Provisionalmente tomaron el nombre de “Ayuda Médica Misional” mientras investigaban si fuera de España existía una organización parecida a la que se estaba proyectando establecer.
Se inicia una etapa de investigación que concluye con el descubrimiento de una breve noticia en la revista “Evangile et Medicine”, de la academia de Saint Luc, sobre una organización internacional creada en diciembre de 1962 en Aix-La Chapelle (Aquisgrán) y que respondía al nombre de Medicus Mundi. De inmediato se inician los contactos con su secretariado, que estaba en Colonia, pidiendo detalles sobre la misma. Se estudia “la misión, espíritu y objetivos propios de Medicus Mundi” y se acuerda realizar las gestiones necesarias para incorporarse a la misma. El 21 de diciembre de 1963 tiene lugar en París una reunión del Comité de Medicus Mundi Internacional donde se decide la admisión de la rama española. Con este motivo se toma el nombre de Medicus Mundi España, en sustitución de “Ayuda Médica Misional”.
Una de las preocupaciones iniciales de los fundadores era conseguir enraizar la organización entre el personal sanitario y en la sociedad en general. Para ello diseñaron una “estrategia de propaganda” a través de los Colegios de Médicos, de Farmacéuticos, Odontólogos, Practicantes, Comadronas y Enfermeras; así mismo, recurrieron a la inserción de noticias y cartas en revistas de la época (1/4 de hora, etc).
La compra, en 1963, de un Land Rover equipado como ambulancia para el dispensario de Logbikoy, en Camerún, constituye el primer proyecto de la organización. En estos primeros años se impone un modelo de trabajo asistencial, de inspiración cristiana, que se caracteriza por el envío de personal médico voluntario, normalmente en estancias cortas, de material sanitario y medicamentos. En 1964 se llevan a cabo proyectos similares, además de en Camerún, en Congo, Nigeria, Burundi, Sierra Leona, Rwanda, El Chad, Argelia, Ecuador, Bolivia e India.
Paralelamente continúa en España la estrategia de expansión de la organización por diferentes provincias, fructificando la creación de Medicus Mundi, además de en Barcelona, en Alicante y Bizkaia (1965), Araba (1967), Asturias (1970), Navarra y Castellón (1972), Gipuzkoa (1974), Granada y Zaragoza (1975), La Rioja (1977) y Albacete (1978).
Década de los 70
En la década de los 70 asoma en el discurso de la organización el cuestionamiento de la ortodoxia económica y social predominante, y se apuesta por las políticas sociales alternativas con la intención de implementar cambios moderados que corrijan los desequilibrios del sistema. La incipiente apertura de las políticas sociales a la sociedad civil, permite a Medicus Mundi diseñar programas, en dialogo con los estados, que incorporan la lucha contra las inequidades entre sus objetivos. El concepto de cobertura universal se hace presente y se incorpora como principio en el ideario de la organización. Los contactos con responsables de la Organización Mundial de la Salud y sus políticas empiezan a ser frecuentes, en terreno y en Ginebra, lo que permite comprobar como se asemejan los ideales de ambas instituciones. Esta relación es reconocida en 1974 por la Organización Mundial de la Salud (OMS EB 63R.27).
Son años en los que la inspiración cristiana sigue presente en Medicus Mundi, que trata de responder a la petición de la iglesia cristiana de colaborar con fondos y personal a los esfuerzos que venían realizando los misioneros. La respuesta que viene dando la organización choca con una realidad que para Medicus Mundi es nueva. Los procesos de descolonización han generado en algunos países africanos fuertes sentimientos nacionalistas, lo que dificulta la presencia de personal médico originario de la antigua potencia colonial, así como la asistencia médica que prestan “las iglesias”. Ante esta situación, Medicus Mundi llega a la conclusión de que deberá ser, no solamente una organización profesional e internacional, sino no confesional y no gubernamental. Y así se decide en la reunión celebrada en noviembre de 1969 en Amberes.
La tradición hospitalaria africana siempre había mirado a París, Londres, Berlín o Lisboa por lo que la incipiente presencia de Medicus Mundi España en el continente, manifestada a través de su personal médico se vivía, cuando menos, con cierta curiosidad. En España, la organización debatía vivamente que papel debía tener la organización en su objetivo de acercar la salud a las poblaciones más vulnerables. La respuesta dada en ese momento sigue vigente hoy en día: Medicus Mundi debe “responder a las necesidades expresadas por las propias poblaciones” y debe hacerlo desde un enfoque preventivo, “considerando a la comunidad como un paciente en su conjunto”. Es decir, lo que Medicus Mundi está planteando es que “ninguna mejora va a poder introducirse si no se extiende la prevención a todas las categorías expuestas, prevención que incluya la protección de los grupos más vulnerables, como madres y niños, campañas de inmunización, y el reclutamiento de personal suplementario originario de la propia comunidad atendida”. Este enfoque cuestiona el modelo de cooperación sanitaria internacional predominante ya que considera que la acción curativa, por indispensable e inevitable que sea, debe ser el impulso para la prevención y promoción de la salud y no un fin en sí mismo desde el punto de vista de la cooperación. Al mismo tiempo, se plantea que los esfuerzos en materia de prevención deben implicarse estrechamente con los esfuerzos que se estén realizando en materia de educación.
El debate suscitado en el interior de la organización incorpora otra cuestión relevante, que en cierto modo sigue abierta hoy en día. Medicus Mundi debe evolucionar y pasar de trabajar para las poblaciones más desfavorecidas a trabajar con ellas, en pie de igualdad y en un espíritu de coparticipación. Este cambio implica la necesidad de incorporar la formación y capacitación del personal local entre los objetivos de la organización. Pero también lleva implícito un condicionante importante: la conveniencia de valorar y respetar las posibilidades que ofrece la medicina tradicional, muy extendida en ciertas zonas, ya que facilita el acercamiento de la organización a las personas.
En la segunda parte de los años 70 el debate predominante en Medicus Mundi, en materia de cooperación en salud, tiene que ver con el papel que deben asumir las organizaciones que persiguen el reforzamiento de la Atención Primaria de Salud en países en desarrollo. En el seno de la organización se ha extendido el convencimiento de que no son los ejércitos de médicos enviados desde Europa los que salvaran África o América Latina, sino que serán los africanos o los latinoamericanos, y tendrán menos dificultades para hacerlo cuanta más solidaridad tengamos con ellos. Detrás de esta observación realizada por un médico cooperante, que trabajaba en las altas planicies etíopes, se esconde una máxima que hace suya Medicus Mundi: Deben ser los gobiernos de los países los que tienen que determinar su política de salud y establecer las prioridades en función de sus medios. El papel de Medicus Mundi debe ser el de asesorar y apoyar la puesta en marcha se un servicio de salud programado y dirigido por personal local y trabajar para que ese servicio funcione lo antes posible con personal nacional a todos los niveles. El médico que envía Medicus Mundi no va para “cuidar a la gente”, sino para ayudar a la gente y a los servicios de salud a que acepten su propia responsabilidad. Este principio rompe con el imaginario del médico occidental como gran aventurero blanco que se va a la selva y con sus manos salva vidas.
Esta visión de la cooperación en salud fue la que llevó Medicus Mundi en 1978, en la persona de su Presidente Internacional, Edgar Widmer, a la “Conferencia Internacional sobre la Atención Primaria de Salud” a Alma – Ata. El Dr. Widmer, en su declaración en la conferencia, deja constancia del compromiso de Medicus Mundi con la Atención Primaria de Salud como estrategia para conseguir una Salud Universal. Y puntualiza que la aplicación de la APS debe llevarse a cabo en “el estricto respeto a las políticas y programas sanitarios de los países a los que aportamos nuestra cooperación”. La estrategia de Atención Primaria de la Salud se convirtió en la política con mayor nivel de consenso a nivel internacional en orden a garantizar el derecho a la salud.
La conferencia de Alma – Ata concluye definiendo un objetivo ambicioso, “Salud para todos en el año 2000”; y un compromiso esperanzador, el de trabajar juntos si queremos conseguir en veintidós años lo que no se ha logrado en cuarenta. Son años en los que Medicus Mundi amplia su trabajo a países como Mali, Mozambique, Angola, Burundi, Tanzania, Malawi, Burkina Faso, Brasil, Guatemala, Honduras, Ecuador, Perú, …
Década de los 80
En la década de los 80 las ONGs disfrutan de una notoriedad hasta ahora inédita, reconociéndose por los organismos internacionales su rol de implementadoras de políticas sociales y de mediadoras sociales. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) las define como “organizaciones voluntarias que trabajan con otras y en su nombre para el desarrollo de políticas sociales, intermediarias de servicios que responden a la incapacidad de los gobiernos para suministrar infraestructuras o servicios, dirigidas a la atención de los más pobres y voz legítima para ejercer presión y corregir los fallos del mercado y de los gobiernos. Es en esta década cuando las ONGs son plenamente reconocidas como “sociedad civil”.
En esta década, Medicus Mundi lleva al primer plano de la cooperación varios debates claves relacionados con la Atención Primaria de Salud y el objetivo definido en Alma – Ata: Salud para todos en el año 2000.
El primero de ellos es el de los medicamentos esenciales como factor clave para contribuir al objetivo de salud para todos. Además de colaborar con la Organización Mundial de la Salud en la definición de un listado de medicamentos esenciales, Medicus Mundi media para que las trasnacionales farmacéuticas y los países en desarrollo dialoguen y alcancen acuerdos que favorezcan la utilización de medicamentos esenciales en el sistema de salud.
El segundo gran debate se refiere a la necesidad de fortalecer los recursos humanos sanitarios de los países receptores de ayuda y la creación de ONGs locales “como factor determinante del desarrollo sanitario”. Son las ONGs locales las que deben, en estrecha relación con los poderes públicos, participar en el diseño e implemnetación de la Atención Primaria de Salud. La existencia de tales ONGs no significa la desaparición de Medicus Mundi, sino que exige otra forma de colaboración más centrada en la solidaridad.
El tercer debate importante de esta década, es consecuencia de la asunción sin condiciones de la Atención Primaria de Salud en el trabajo de la organización. Los avances sanitarios que se perciben en los países en los que intervenimos, siendo importantes no son suficientes. Medicus Mundi se da cuenta de que es necesario integrar la salud en el marco de un desarrollo global socio-económico, lo que implica una colaboración intersectorial y una mayor coordinación de acciones entre actores. Además, es preciso que la organización (y el resto de ONGs) trabajen en el marco de los planes de acción de los países, en sus prioridades, y no en aquello que más interesa a las ONGs y que las más de las veces generan nuevas necesidades.
Década de los 90
En la década de los 90 proliferan las ONGs alentadas por la aceptación social de que gozan, a lo que sin duda contribuye la distinción con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia (1991) a Medicus Mundi y Médicos sin Fronteras por, en palabras del Jurado, “la contribución efectiva de ambas organizaciones a paliar las situaciones de enfermedad en los países más aquejados por la injusticia, la miseria o las catástrofes, asumiendo todos los riesgos que ello comporta, el entendimiento generoso del compromiso profesional, que se extiende al ejercicio altruista del voluntariado, y el ejemplo que proyectan al mundo, haciendo prevalecer los valores de la solidaridad, sobre los que descansa la verdadera concordia entre los seres humanos”. Medicus Mundi es, junto con Médicos sin Fronteras, la primera ONGs que recibe este premio tan prestigioso.
Al tiempo, las exigencias de la cooperación internacional se incrementan en su faceta normativa, lo que acelera el debate interno de Medicus Mundi sobre la necesidad de mayor coordinación para “la consecución de un mejor cumplimiento de los fines propios de cada Asociación Medicus Mundi en España”. El 8 de febrero de 1992 los representantes de las asociaciones Medicus Mundi en Alava, Albacete, Andalucia, Asturias, Bizkaia, Catalunya, Castellón, Gipuzkoa, Murcia, Navarra, Rioja y Zaragoza deciden constituir la Federación de Asociaciones de Medicus Mundi en España.
La desintegración de la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín, la guerra de los Balcanes y de Ruanda, unido a la derrota de los movimientos revolucionarios en America Latina y la imposición a los países en desarrollo, por parte de los organismos internaciones, de políticas neoliberales – políticas de ajuste estructural - convulsiona el panorama internacional de finales de los ochenta y principio de los noventa. La guerra de Ruanda (1994) pone a prueba la capacidad de Medicus Mundi en una nueva faceta: la ayuda humanitaria. Presente en el país desde el año 1966, Ruanda supuso para Medicus Mundi una cruel constatación de los límites de la acción humanitaria y de los dilemas morales a los que se enfrenta. El genocidio de Ruanda era mucho más que una “crisis humanitaria” o una “emergencia compleja”, términos acuñados en esta época para definir el contexto de intervención de las ONGs. Sin duda estos acontecimientos contribuyeron a que las ONGs aparquen la utopía y la sustituyan por proyectos de cooperación gestionados por profesionales.
En este contexto, y desde hace algún tiempo, Medicus Mundi viene observando con preocupación las dificultades que tienen muchos países del Sur para mantener a flote su sistema público de asistencia sanitaria. Se han incrementado las instituciones no lucrativas que prestan atención sanitaria pública y responden a la finalidad de servicio público. Si se quiere confiarles la función de contribuir más plenamente al desarrollo de la salud y la atención sanitaria, hay que integrarlas de una forma satisfactoria para ambas partes en el sistema nacional de salud, a nivel central, regional y local. Una mayor coordinación y cooperación entre los servicios de sanidad estatales y los no gubernamentales, además de evitar duplicidades inútiles, podrían mejorar las prestaciones sanitarias esenciales. Por eso, Medicus Mundi sugiere a los gobiernos de los países receptores de ayuda que firmen contratos con las organizaciones privadas que desempeñan una labor de interés público para ratificar su integración oficial en los distritos sanitarios.
En mayo de 1999, Medicus Mundi Internacional presenta ante los representantes de más de 40 países, en el Foro Técnico durante la 52ª Asamblea de la OMS, una propuesta técnica sobre “Arreglos Contractuales en Salud para las ONGD”. Durante los tres siguientes años, Medicus Mundi se dedicó ha mantener en varios países africanos reuniones con sus contrapartes, personal de la OMS y otros asesores independientes, para investigar experiencias sobre arreglos contractuales, clarificar y definir mejor sus principios e impactos.
En 2002, la Asamblea Mundial de la Salud, en su 55ª reunión, adopta la siguiente resolución (EB109/SR/8) impulsada por Medicus Mundi: Observando que es preciso fortalecer el desempeño de los sistemas de salud para seguir mejorando la salud de la población, asegurar la financiación equitativa de la salud y responder a las expectativas legítimas de la población; Considerando que la reforma de los sistemas de salud ha propiciado en general una reestructuración institucional que ha supuesto la diversificación de los agentes que intervienen en el campo de la salud (en el sector público, en el sector privado y en las organizaciones no gubernamentales); Reconociendo la importante función rectora del gobierno en la reglamentación de los arreglos contractuales del sector de la salud,
INSTA a los Estados Miembros:
1) a que garanticen que los arreglos contractuales en el campo de la salud se ajusten a normas y principios acordes con la política nacional de salud;
2) a que desarrollen políticas contractuales que potencien al máximo las repercusiones en el desempeño de los sistemas de salud y armonicen las prácticas de todos los interesados de manera transparente, para evitar efectos adversos;
3) a que compartan sus experiencias en relación con el establecimiento de arreglos contractuales de prestación de servicios de salud en los que participen los sectores público y privado y organizaciones no gubernamentales;
Primera década del siglo XXI
La década de los años 2000 comienza con una excelente noticia. Los 189 países miembro de las Naciones Unidas aprobaron la Declaración del Milenio que recoge, en ocho objetivos a cumplir antes de 2015, el compromiso de los dirigentes mundiales de luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación del medio ambiente y la discriminación contra la mujer. La declaración incluye la decisión de los dirigentes mundiales de “establecer una paz justa y duradera en todo el mundo”.
A penas un año después, los buenos propósitos de la comunidad internacional se ven truncados por lo que se denominó “la Guerra contra el Terror”, declarada por los EE.UU tras los atentados terroristas contra las Torres Gemelas en septiembre de 2001. En ese contexto tuvieron lugar las guerras contra Afganistán e Iraq, lo que provocó las mayores movilizaciones de protesta de la historia a nivel mundial. La sociedad civil tomo conciencia de que lo que está en juego eran las libertades civiles y los derechos humanos.
No es de extrañar que en este contexto tuviera lugar una fuerte reflexión en el interior de Medicus Mundi, que se reafirma en su propósito de contribuir al ejercicio efectivo del derecho a la salud, a través de una cooperación al desarrollo centrada en el abordaje de las causas estructurales que lo limitan, el empoderamiento de los agentes sociales locales que lideran sus propios procesos de desarrollo y el ejercicio de la incidencia política en salud como estrategia para el fortalecimiento de los Sistemas Públicos de Salud.
El discurso de las instancias nacionales e internacionales humedece el ideario de Medicus Mundi que adopta definitivamente el concepto de Desarrollo Humano Sostenible como elemento básico de trabajo. En el ámbito de la cooperación en salud, las preocupaciones de Medicus Mundi se centran en las causas estructurales de la pobreza y la exclusión social, la Gobernanza de la Salud Global y la problemática de los recursos humanos sanitarios, concretamente en la implementación del "Código de Conducta Global en Contratación Internacional de Personal Sanitario", aprobado en la 63 Asamblea de la Organización Mundial de la Salud.
A principios de la década, el compromiso de Medicus Mundi con el Derecho a la Salud se renueva una vez más. El derecho a la salud no sólo abarca la atención de salud oportuna y apropiada, sino también los principales factores determinantes de la salud, como el acceso al agua limpia potable y a condiciones sanitarias adecuadas, el suministro apropiado de alimentos sanos, una nutrición y viviendas adecuadas, condiciones dignas en el trabajo y el medio ambiente, y acceso a la educación e información sobre cuestiones relacionadas con la salud, incluida la salud sexual y reproductiva, y todo ello en un ambiente de paz.
En este contexto se enmarcan los estudios realizados por la organización sobre el “Impacto de la actividad petrolera en la salud de las personas”, estudios pioneros que, en algún caso, como el de Ecuador, se utilizaron como prueba en la demanda judicial que los pueblos indígenas interpusieron contra Texaco por daños a la salud.
También se enmarcan en este contexto los estudios que venimos realizando sobre recursos humanos sanitarios. El envejecimiento de la población, las nuevas enfermedades, así como también la creciente carga de enfermedades actuales, y el aumento de la violencia y los conflictos, son retos a los que el personal debe estar preparado para poder responder a ellos. Es imperativo fortalecer al personal sanitario para cerrar la brecha que existe entre la promesa de salud y la realidad de la salud, y para anticiparse a los retos sanitarios de este siglo.
Finalmente resaltar, en lo que a estudios se refiere, el Informe sobre “la salud en la cooperación al desarrollo y la ayuda humanitaria” que, junto a Medicos del Mundo y Prosalus, venimos realizando desde hace 10 años.
La preocupación por el acceso a la salud, como no puede ser de otra manera, sigue muy presente en la organización. Cada vez son más las personas y colectivos, aquí y en los países empobrecidos, que por diferentes motivos no tienen acceso a la salud o corren el riesgo de quedar excluidos, lo que tiene consecuencias importantes sobre la salud global. Aquí, defendemos nuestro sistema público de salud, cuestionado a raíz de la crisis económica que padecemos; en los países en los que intervenimos, implementamos estrategias de fortalecimiento institucional a través del primer nivel de atención, basado en el derecho a la salud, sin exclusiones por razones de género, culturales, étnicas, socioeconómicas, geográficas o de cualquier otra índole.
Aspiramos a vivir en un mundo donde todos y todas tengamos una oportunidad justa para lograr desarrollar el máximo potencial de salud, en ausencia de diferencias evitables, injustas o modificables entre grupos de personas, ya estén definidos estos grupos social, económica, demográfica o geográficamente (OMS, 2009a). Por ello, centramos nuestro esfuerzo en eliminar esas diferencias evitables que se relacionan con variables políticas, sociales, económicas, de género y ambientales sobre las que las acciones de los gobiernos, instituciones sanitarias implicadas y las comunidades ejercen una fuerte influencia, y que pueden abordarse con políticas públicas. Nuestra experiencia nos ha mostrado que el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud es un elemento primordial para la mejora de la salud mundial y el sistema de salud de nuestro país ha sido nuestro referente como un sistema universal, equitativo y eficaz.
Sabemos que el mundo cuenta con el conocimiento y los recursos tecnológicos, económicos y humanos suficientes para proveer a los habitantes del planeta de una buena salud. Y que para lograrlo debemos apostar por construir una nueva “asociación para el desarrollo”, que necesariamente debe superar el concepto de ayuda, y moverse en el contexto de la defensa de los bienes públicos globales, como la salud, educación, los derechos humanos, la paz, la igualdad de género o la sostenibilidad medioambiental.
Quienes formamos medicusmundi anhelamos vivir en un mundo más justo, donde no existan grupos socialmente desfavorecidos, excluidos o vulnerables que, por no disponer de acceso a la salud, sufran una carga de mortalidad y de enfermedad notablemente mayor.




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